Señor, dame esa agua”  (Jn 4,15)

El lema parte de la petición que con fuerza hace la mujer Samaritana a Jesús, en el pozo de Jacob. En el encuentro con Él se sintió escuchada, respetada y valorada, y su corazón la lleva a pedir algo más valioso: “Señor, dame de esa agua” (de vida plena que me ofreces).

Siguiendo el hilo conductor de este pasaje evangélico, presentaremos, en el marco del próximo Sínodo de Obispos (Los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional), la importancia que tiene para toda nuestra familia salesiana y su misión en el mundo, cultivar el precioso arte de la escucha y el acompañamiento, con las condiciones que han de darse, las exigencias y el servicio que encierra en sí mismo, tanto escuchar como acompañar, en el camino del crecimiento personal cristiano y vocacional.

Atentamente,

Equipo Directivo de Pastoral de la Casa